Junto al Pantano de Borbollón, entre encinas y alcornoques que decoran el paisaje que se extiende a las faldas del Castillo de Santibáñez el Alto, se encuentra la Finca El Campete, perteneciente a la ganadería de Mercedes Cobaleda. Hasta aquí todo normal. Lo de las vacas no es nada nuevo por estos lares. El pueblo de Santibáñez el Alto ha destacado históricamente por sus grandes dehesas, configuradas al calor del poderío de la encomienda que organizó durante siglos el oriente serragatino bajo la Orden militar de Alcántara y de cuyas reminiscencias se conserva, entre otras cosas, uno de los términos municipales más grandes de la comarca de Sierra de Gata.

Sin embargo, al apreciar el ganado que pasta bajo su arbolado algo salta a la vista. Extrañas vacas con pelo en las orejas, cornamentas que recuerdan a los viejos uros que poblaron Europa hasta su desaparición o sementales que rompen frontalmente con la línea genética características de los toros que lideran las ganaderías de la zona. ¿Qué sucede en esta explotación? Algo sorprendente, el Proyecto Wagyu Ibérico.

Así comienza el artículo publicado por la revista Inforaya.

Enlace directo: http://inforaya.es/

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